Siento, luego Existo.

Un robot  capaz de sentir, moverse y pensar como el hombre. El eterno sueño de la Humanidad está aún muy lejos de hacerse realidad.

Para empezar, habría que conseguir construir dispositivos con las herramientas necesarias para asimilar la información como lo hacemos los humanos. Así, deberían ver, oír, oler y moverse como nosotros. Para ello, los expertos en robótica han creado un subcampo, el de la biomimética, que se ocupa del diseño de máquinas que funcionan como sistemas biológicos humanos. El problema principal es que, aunque el conocimiento sobre el mecanismo de muchos de estos sistemas biológicos es de sobra conocido por los científicos, el modo en que el cerebro humano percibe y actúa sobre la base de la información que estos órganos le suministran es aún ignoto.

El Laboratorio de Percepción Activa de Boston, por ejemplo, ha desarrollado herramientas que emulan el funcionamiento de la visión humana en la corteza visual primaria del cerebro. Con este sistema, se puede conseguir que un robot imite los movimientos oculares que los humanos utilizamos para reunir información, y así ayudarnos a orientarnos mejor.

En esta misma dirección trabaja la empresa estadounidense Iguana Robotics. Ha creado un robot que opera a partir de una red de “neuronas artificiales”, que procesan la información a mayor velocidad que los chips convencionales. Además, incorpora un dispositivo de navegación que imita la forma en que el hombre guía sus movimientos gracias a la vista. Así, si el robot percibe que hay un objeto con el que se tropezó, lo asocia con una imagen, y la próxima vez que lo vea, lo evitará. Así, este robot, a diferencia de los convencionales, se mueve aprendiendo de su entorno, y sin una trayectoria preestablecida. Otro gran avance en este sentido es el realizado por un equipo de ingenieros japoneses de la Universidad de Tokio, que ha diseñado una piel robótica con un sentido del tacto casi humano. Esta piel es tan precisa, que permite distinguir objetos y mejorar la psicomotricidad fina. Gracias a ella, un brazo artificial distingue, con sólo tocar un objeto, qué presión aplicar para cogerlo. Más allá ha llegado el equipo de la Universidad de Waseda con el Wamoeba-2R, que posee un modelo emocional básico que imita nuestro sistema endocrino.

Robot con emociones

El sistema endocrino es el que permite controlar el organismo gracias a las hormonas; particularmente, las emociones que determinan respuestas como la tensión muscular, el parpadeo y el aumento de la temperatura. Por medio de diez sensores térmicos, Wamoeba-2 puede conocer la temperatura de sus diferentes motores y circuitos, y es capaz de decidir por sí mismo la puesta en marcha de uno de sus ventiladores y la alimentación de alguno de sus motores, en función de la información obtenida por los sensores. Además, es capaz de discernir el sentido de las emociones de un rostro humano, y se comunica con las personas a través de un modelo emocional básico y automático.

AI-Inteligencia Artificial
En definitiva, los robots actuales capaces de expresar emociones lo hacen sólo mecánicamente. O lo que es lo mismo: podemos llegar a enseñarles a asociar emociones básicas con respuestas del tipo sorpresa, temor y alegría. Puede parecer que expresan algún sentimiento, pero estos no pueden darse de forma autónoma. Eso significa que la posibilidad de tener en nuestras casas un androide que sienta amor, como le pasaba al “niño” del filme Inteligencia Artificial, por ahora sólo es posible en la ciencia ficción.

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